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Diario De Un Viaje
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Diario De Un Viaje

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Diario De Un Viaje

Viajar es como escapar de uno mismo por algunos días y convertirse en alguien más, con vida y sueños diferentes. Claro está que el regreso de todo viaje astral ò real es doloroso y frio, al entrar en la casa polvorienta y desempacar la ropa arrugada, que tan espectacular lucia hace unos días, sobre el atardecer en la playa, uno pierde la vida robada en los viajes y no poco a poco como aconsejan los psicólogos, sino de golpe y al instante. El teléfono empieza a sonar, los mensajes, las cuentas por pagar y las obligadas llamadas a la familia y amigos, que entendamos están desesperadas por revivir junto a uno estos pocos momentos robados en los viajes.

¿Cómo te fue? ¡Platícame lo todo! ¿Estuvo como lo esperabas? Y así todo el día, si uno tuvo la imprudencia de regresar un domingo. Y como describir lo que fue mi viaje, cuando las palabras no bastan…lo intentare en mi diario de viaje.

Día 1 – elegí mi destino al azar, con la ayuda de mi sobrino de 4 años, quien le dio vueltas al globo terráqueo y yo simplemente pose mi dedo con los ojos cerrados en un punto, que resulto en medio de la nada o bien la llamada Polinesia Francesa. Y así maleta en mano y mis ahorros de todo un año me dirigí sola al destino por excelencia para las lunas de miel. No voy a narrar mis penurias del viaje y las revisiones migratorias, en donde parecerá que uno lleva bombas en los tenis ò explosivos en los cosméticos tamaño viaje. Después de que fui manoseada, desvestida y pasada por innumerables filtros de todo tipo, agregando las casi doce horas de viaje con conexiones por fin llegue, parecida a un monstro, recién sacado del fondo del rio a Papeete.

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Día 2 – mis sentidos, embotados de la gran ciudad, coches, contaminación y ruido se adaptaron con demasiada facilidad al pacifico ronroneo de la olas, la suave brisa con aroma a algas y el silencio absoluto roto de vez en cuando por las aves inmersas en su actividades diarias. Paz absoluta. Es una palabra que usamos muy a menudo, pero rara vez entendemos el significado de la misma. Los colores turquesa y azul en tonos que ni el más brillante de los diseñadores podrá renombrar en algo así de rebuscado como azul cielo de mar o azul paciencia infinita. Y las playas como serpientes blancas, recostadas sobre el mar y de tacto suave como el más exquisito de los kilim persa. Tomar el café en la terraza de mi cabaña sobre el mar, con la vista perdida en la infinidad del horizonte es algo que atesorare por el resto de mi vida. La sensación de soledad me invadió poco a poco y por primera vez en mucho tiempo me sentí en paz conmigo misma. No importaba nada en absoluto. Solo el sabor del café negro, la tranquilidad de la mañana y el estupor pacifico que empezó a inundar mi cansado cerebro. Y de repente le vi…el ejemplar masculino más espectacular que había visto en mi vida. Parado en la cabaña de al lado, estirando su cuerpo a contraluz del sol naciente, parecía un jaguar salvaje afilando sus garras con pereza, pero su todo gritaba peligro. No me voy a mentir a mi misma…el conjunto de sensaciones era embriagador. Me quede sentada un rato largo, disfrutando del momento…al fin y al cabo en cualquier instante al lado de este espectacular espécimen se levantara alguna modelo de revista, de aquellas que inclusive por la mañana, recién levantadas, parecen haber salido del salón. Esta mañana inicie mi exploración de la isla. Camine por la playa y me quede recostada sobre el punto más alejado, no es que hubiera personas, pero mi cerebro necesitaba descartar todo contacto humano, así que novela en mano y mi daiquiri en la otra me dispuse a sumergirme en las aventuras de alguna alma gemela en la reciente novela de mi autora favorita, la cual ya llevaba demasiado tiempo sobre mi mesa de noche sin siquiera haberla ojeado. La tarde empezó a caer sobre el océano demasiado pronto y me di cuenta que entre sueño y lectura el día se me paso sin darme cuenta. El sol dibujo sus colores dorados y rojos sobre la playa y mi estomago protesto, así que me cambie y salí a disfrutar de la cena en la playa que el hotel ofrecía a sus clientes…algo así como una experiencia local, preparada a la usanza de los tahitianos.

– ¡Buenas noches! Veo que estás sola… ¿Te importa si te acompaño? – se acerco a mí el espécimen de la mañana y mi cerebro empezó a gritar como sirenas de la policía capitalina “peligro, peligro”.

– Por supuesto – fue la única estupidez que logre esbozar. Tengo que reconocer, que no soy una mujer tímida y he tenido mi buena dosis de aventuras y relaciones a mis treinta y tantos, pero parecerá que ahuyento a todos los “buenos partidos” como dice mi madre. Y este en definitiva era un buen partido…lo que todavía no tenía decidido si lo era para mí.

– ¿De vacaciones o de trabajo? – pregunto sin más, indicando al mesero que se acercara a nuestra mesa.

– De vacaciones ¿Y tú? – pregunte con la mirada en el menú, sin ver realmente lo que hacía. El mesero tomo nuestro pedido y se alejo, dejando el silencio como compañía.

– Trabajo – respondió y estiro su mano sobre la mesa. – Creo que no hemos sido presentados, me llamo Fabián Fourmage.

– Daniela Fernández – tome su mano estirada y una descarga eléctrica paso por mí, como si fuera quinceañera presentada a mi artista favorito. Era ridículo sentirme de esta manera, me di un par de patadas mentales, erguí mis hombros y desenvolví mi encanto, al cual mi último novio describió como “algo demasiado para una esposa”. No soy una mujer modelo, pero con la luz adecuada y algo de los infalibles cosméticos soy de bastante buen ver.

– ¿A qué te dedicas? – pregunte decidida a tomar para mí misma algo del romanticismo que se respiraba en el aire y que no era fácil obviar, rodeados de tanta pareja melosa a la luz de las velas y música suave de fondo.

– Tengo una empresa de turismo – sonrió y supongo que vio la decisión en mi de no rechazar su compañía.

– Que coincidencia, yo también…- y la noche continuo de lo más divertido entre anécdotas e intercambio de ideas. Nunca entramos en el ámbito de preguntas personales y decidí que así era mejor. Era una excelente compañía en todos los sentidos de la palabra y aquí es donde las palabras me empiezan a fallar…

Día 3 – tarde por la mañana nos dirigimos hacia el mismo recóndito lugar de la playa con daiquiri en mano, pero la novela olvidada otra vez en el buro de la cama. Había decidido vivir mi propia aventura de vacaciones. El día y la noche siguiente pasaron como en película romántica y cada vez que tomaba mi mano para caminar ò nos escondíamos del sol del medio día en alguna de nuestras habitaciones, generalmente la que nos quedaba más cerca sentía que podría vivir el resto de mi vida así ò cuando menos los días que me quedaban de vacaciones. Al fin y al cabo no era yo, si no otra persona en mi cuerpo.

Día 4 – temprano por la mañana recibió una llamada que duro demasiado tiempo y el resto del día estuvo muy distraído, pero el mar de sensaciones que llovían sobre mi me permitió hacer de la vista gorda…al fin y al cabo yo no sabía mucho más de él, ni el de mi. Esto era una aventura sacada de alguna novela rosa y así me pareció que debía de quedarse, aunque tengo que reconocer que hace mucho tiempo ò mas bien nunca me había pasado algo así…era simplemente embriagador.

– Mañana debo partir temprano. – por fin dijo después de la cena y en la intimidad de mi cabaña.

– Entonces espero tenerte para mí toda la noche. – respondí con facilidad, aunque mi corazón se salto un latido.

– No es tan fácil…- comento distraído y pensé que era el momento de la revelaciones, cuales no tenía intención de escuchar. Quería que mi romántico encuentro se quedara en esta isla y en mi mente y no traspasar este aire de misticismo en el cual nos envolvimos este par de días.

– Creo que es mucho más sencillo de lo que piensas. Simplemente te subes en un avión y te vas a donde sea que tengas que ir.- respondí con alegría falsa, no es que quería alguna relación formal con el, pero pensé que tendríamos algunos días más…esto es todo. Ni siquiera tenía idea donde vivía ni de que país era, parecía americano, pero con algo más exótico en su forma de ser.

– Dany, escúchame…hay algo de lo que debemos hablar.- me atrajo hacia su silla.

– No, no quiero hablar de nada. Me gustas mucho, me la estoy pasando increíble y quiero que esto se quede así. De hecho creo que estamos perdiendo tiempo valioso en pláticas sin sentido. No sabes nada de mí ni yo de ti y creo que lo que me quieres decir no me va a gustar nada, así que no quiero pasar mi última noche contigo sintiéndome mal ò culpable…así de sencillo. – Salí a la terraza y mire hacia el espectáculo de luces nocturnas que presentaban el cielo y su reflejo en el mar. Se acerco a mí y me abrazo.

– Mira Fabián, no creo en el destino, no creo en el amor a primera vista y no creo que deba escuchar lo que quieres decirme. Dejemos esto aquí, en este lugar secreto y ambos podemos regresar en nuestros sueños todas las veces que queramos. – yo era una mujer adulta, demasiado practica y realista inclusive para mí misma. Esto era una aventura en todas las de la ley, no una novela romántica y no por otra cosa, sino porque yo no era una mujer sufrida venida a ser rescatada por un absoluto desconocido. Era una mujer cansada, un poco sola, pero feliz con mi vida, mi trabajo y la posibilidad en algún momento de una familia, que realmente no me apetecía mucho. Viendo a mi hermana y a mis dos adorables sobrinos, a veces me entraba nostalgia, pero únicamente dos domingos al mes en los cuales mi madre se empeñaba a juntar a toda la familia.

– Te demostrare lo contrario – fueron sus últimas palabras y me dejo para mis memorias la noche más inolvidable de mi vida.

Día 5 – no le despedí por la mañana y no salí a ver como se alejaba su taxi. Me quedaban dos días de vacaciones y los tenía que aprovechar al máximo. Al fin y al cabo vine aquí para terminar de leer mi novela y fue lo que hice. El apacible océano lamio mis heridas y como el agua de mar cura más rápido las laceraciones, por la noche estaba otra vez entera…sin embargo sola.

Día 6 – por la tarde llego una orquídea en mi habitación sin ningún mensaje. No había necesidad de alguno. Presione la flor entre las hojas de mi libro y la empaque con el resto de mis recuerdos en el fondo de la maleta.

De regreso tenía que pasar un par de noches en Los Ángeles y tenía pendiente algunas citas de trabajo. La cadena hotelera con la cual estaba firmando la próxima convención del grupo de retirados para noviembre me atraso la cita para el día siguiente y aproveche hacer algunas compras. A las 10:00 de la mañana estaba nadando completamente en mis aguas y la negociación se llevo a cabo con mucha facilidad.

– Buenos días, Fabián Formage a sus órdenes. – dijo alguien a mi espalda.

– Daniela Fernández – respondí y mi corazón gano este latido perdido en la isla. La reunión había terminado y la sala de juntas se vació demasiado rápido para mi gusto.

– Creo que no hemos tenido el gusto de ser presentados. – sonrió. – Soltero, enamorado y ferviente creyente en el destino.- dijo al acercarse a mí.

– Soltera, enamorada y a partir de hoy ferviente creyente en el destino. – respondí.

Como estuvo mi viaje…no lo sé. Mi viaje más importante empieza ahora. Habrá agentes migratorios, malos pasos y cansados viajes, pero también habrá noches de ensueño en nuestra isla del paraíso.Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje, Diario De Un Viaje

Naturalmente Kroa

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